Trail Mallos de Riglos 35K – Edición 2019

TMR INTEGRAL RIGLOS – LOARRE (35 KM, 2200 M+)

El Trail Mallos de Riglos es una carrera de montaña que recorre los paisajes más cálebres del llamado Reino de los Mallos, un macizo montañoso situado en el prepirineo aragonés, muy famoso por sus paredes y las escaladas que se han realizado en ellas, pero que también tiene muchas opciones interesantes para el senderismo y, como no, para el trail.

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Riglos y sus mallos desde el mirador de los Buitres.

En esta edición del 2019 (sexta edición), la carrera presenta un recorrido renovado que aumenta hasta los 35 km y los 2.200 m+, realizando dos bucles, uno por la zona de los Mallos de Riglos más técnico y con más desnivel y otro por la zona de Loarre y la ermita de Santa Marina, más corredero y suave.

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Perfil de la carrera. Fuente: web oficial

CRÓNICA DE LA CARRERA Y ANÁLISIS DEL RECORRIDO

La carrera de 35 km comienza temprano, a las 8 de la mañana. El cambio de hora ha hecho que realmente sean las 7 de la mañana por lo que el madrugón ha sido importante (he dormido apenas dos horas y media). La temperatura es de 0 grados y se me han olvidado los guantes, a pesar de todos estos condicionantes tengo ganas de correr y eso, en este tipo de carreras, es lo más importante.

El escenario es impresionante. El pueblo de Riglos bajo los mallos y, al otro lado del río Gállego, el macizo de Peña Ruaba… De postal.

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Salida en Riglos. Foto de Ramón Ferrer.

La salida es puntual y comenzamos a correr por las calles del pueblo. Enseguida tomamos una senda ancha y en descenso. Salimos en dirección al embalse de la Peña por el sendero PR-HU 98, camino muy utilizado para hacer la ruta circular típica de los Mallos de Riglos.

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Primer tramo de la carrera. Paralelos a la vía del canfranero.

Este primer tramo es muy cómodo, con algún sube-baja y un único paso por debajo de las vías del tren del “canfranero” que pondrá a prueba nuestra flexibilidad. A buen ritmo y con buenas sensaciones, alcanzo la Central de Carcavilla, punto en el que abandonamos el camino que va al embalse para comenzar a ascender por un barranco que se interna en el núcleo de los mallos.

No conocía este sendero y la verdad que es una opción muy interesante para hacer circulares por la zona.

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La Central de Carcavilla, al fondo, sirve de referencia en este primer tramo.

Este barranco tiene un primer tramo empinado donde incluso hay varios pasos equipados con cadenas aunque se puede pasar sin tocarlas. Más tarde, la cosa mejora y se vuelve una senda muy cómoda y de inclinación moderada. Siempre por bosque, la subida se hace muy agradable.

Con un ritmo cómodo y andando bastante llego al primer avituallamiento y control  de tiempos situado en un llano conocido como Campo Antonio donde este sendero se vuelve a unir con el PR-HU 98 que ya viene de vuelta del embalse por la Foz de Escalete. Paso entre los 30 primeros sin llegar a parar en el avituallamiento.

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Vistas vertiginosas al río Gállego desde el entorno de los mallos.

El sendero sigue subiendo pero ahora allana un poco y permite correr. Alcanzamos un collado y comenzamos a bajar hacia el Circo de los Mallos, es sin duda uno de los momentos más bonitos de la carrera. A nuestra derecha quedan las enormes paredes y en medio un gran hueco o ventana que permite ver el río Gállego y la Hoya de Huesca, simplemente espectacular.

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Circo de los Mallos.

El senderillo, sin embargo, es bastante puñetero, con piedra suelta y no permite un despiste. Tras descender 200 metros de desnivel, volvemos a subir por otra senda sin balizar para conectar con un camino estrecho que va bordeando toda la línea de los mallos en la cota 900. Es el conocido como Camino del Cielo, muy popular entre los senderistas, aunque en la carrera se alarga bastante más hasta el collado de San Román. Es un tramo muy rompepiernas de unos 4 kilómetros de longitud.

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En plena carrera. Foto de Ramón Ferrer.

Pasaremos cerca del Mallo Colorado y poco a poco iremos dejando atrás los mallos para adentrarnos en un paisaje más suave y más común. El collado de San Román, en el kilómetro 13,5 es el punto clave que cierra este primer bucle y que da paso a la “zona de Loarre“. Tras avituallar en el collado, toca un tramo de pista que nos dejará en el precioso castillo y ermita de Marcuello.

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Castillo y ermita de Marcuello en el km 15.

Pero la pista acaba pronto y volvemos a la senda. Esta vez ascenderemos otros 200 metros para situarnos cerca de la cima de la Peña del Sol. La subida se hace por una loma en terreno abierto. El viento pega fuerte y las nubes bajas van pasando. Las fuerzas parece que comienzan a flaquear y bajo el ritmo para comer y tomar un gel. El ritmo hasta ahora ha sido frenético y se nota…

Coronado el collado (no llegamos a hacer cima en la Peña del Sol) hay un tramo pistero, rápido y cómodo. Mientras bebo agua me topo con una piedra y me caigo de morros al suelo, primer contratiempo importante. Me hago sangre en la mano izquierda y en la rodilla derecha. Afortunadamente hay un avituallamiento un kilómetro más adelante y allí me limpian con agua… gracias voluntarios 🙂

Con algo de dolor sigo para adelante y en un tramo de senda algo técnico me hago una leve torcedura de tobillo. En caliente, apenas notaré nada pero por la noche lo llevaré hinchado y bastante dolorido. Segundo contratiempo del día.

Tras estas penurias alcanzo un tramo de pista muy cómodo de dos kilómetros que permite correr fuerte. Los dos contratiempos anteriores han hecho que piense en tomarme la carrera con más calma. No estoy tan fino como para intentar adelantar a corredores y hacer la machada así que me quedo donde estoy, en el puesto veintitantos, y me dedico a mantener el ritmo y a disfrutar de la carrera.

Llega el kilómetro 21 y comienza la subida a la ermita de Santa Marina por un hermoso sendero que atraviesa un cajigar (bosque de robles). Es la última subida fuerte del día y la afronto con optimismo. 300 m+ que son llevaderos salvo un último tramo muy empinado.

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Ermita de Santa Marina.

Arriba, junto a la ermita, el ambiente es gélido y hace mucho viento. Estamos a casi 1.400 metros de altitud. Toco chufa rápido en el control y para abajo por una senda muy bonita. Tras rodear el Cerro Layán (1.433 m), bajamos por pista hasta el Collado Pericón (km. 25 de carrera) donde hay un avituallamiento.

Recargo cantimploras y tomo aire. Lo que queda es bastante cómodo y voy animado. El siguiente tramo, además, es muy bonito. Bajaremos por el barranco del Forcallo, a través de un camino ancho y pedregoso, siempre por bosque.

Este tramo nos deja ya muy cerca del segundo paso por el Collado de San Román, donde cerraremos el “bucle de Loarre”. Una leve subida y alcanzamos el último avituallamiento de la carrera. Desde ahí, algo más de 6 kilómetros a meta bastante traicioneros, pues hay varias subidas y la senda no es un camino de rosas.

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Bajando a Riglos en el último tramo de carrera.

Tras unos primeros kilómetros en descenso, dejamos el camino principal para meternos por una senda estrecha y revirada que conduce a la vía ferrata que hay bajo el Mirador de los Buitres. La senda se las trae, con piedra y algunos desniveles. Desde ahí bajaremos por un pinar ya con el pueblo de Riglos a un paso.

Un tramo de pista rápido nos deja junto al pueblo pero, cuidado, nos meten a mano derecha por una senda donde hay una tachuela de 100m+ que nos puede dar la puntilla. Es importante ir concienciados… Alcanzado un pequeño collado, ahora sí, por senda técnica, queda la última bajada al pueblo, con el sonido de la megafonía de fondo…

Últimos metros y meta. Conseguido. Puesto 26º y 4 horas y 1 minuto, algo más de lo que tenía en mente. Bastante contento pues desde octubre no hacía más de 30 kilómetros entre unas cosas y otras…

Próxima parada Cadrete.

Datos

Datos frikis de la carrera sacados de Tempo Finito

DATOS TÉCNICOS

Distancia: 35 km

Desnivel positivo: 2200 m+

Tiempo neto: 4:01:18

Clasificación: 26 de 184 corredores

LINKS

Track Wikiloc oficial

Web de la carrera

Clasificaciones

OPINIÓN PERSONAL

Carrera muy bonita. El bucle de los mallos es espectacular, pocas carreras podrán tener ese nivel de paisajes. El bucle de Loarre es más normalito, no es feo para nada, pero claro, al lado de los Mallos de Riglos casi cualquier cosa parece poco. A pesar de que los paisajes de esta segunda parte son más humildes le han sabido sacar buen partido. La subida a Santa Marina y la bajada por el Barranco Forcallo son muy bonitas.

A nivel de organización está muy bien. Bastantes avituallamientos, voluntarios muy majetes, buen marcaje y buen ambiente en meta. No se puede pedir más.

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